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domingo, 2 de agosto de 2015

Corintia: pasas y vino, arqueología y playa

¿Quién no ha oído hablar alguna vez de las pasas de Corinto, su intenso sabor y su tinte azabache? O del vino de Nemea, uno de los mejores tintos griegos. Los dos tienen en común su procedencia: el distrito de Corintia, conocido por el famoso canal que separa la Grecia continental del Peloponeso.
La pasa de Corinto es una uva pequeña y dulce, cultivada solo en Grecia, en varios distritos de Peloponeso y en la isla Zante, en el mar Jónico.
Desde la creación del Estado griego en 1828 y a lo largo del siglo XIX, la pasa de Corinto fue el principal producto de exportación griego y sigue siendo un éxito de ventas al exterior, explica a EFE Angelikí Yeobré, directora de una empresa de elaboración de pasas fundada por su padre hace cinco décadas en los alrededores de Nemea.
El 95% de la producción es exportada y el destino principal es el Reino Unido, "donde la ponen en el pudin", aunque también se vende a otros países de Europa occidental, cuenta Yeobré.
Poca gente fuera de Grecia conoce la múltiple variedad de vinos que hay en este país. Esto se debe fundamentalmente a que las superficies para los viñedos son pequeñas, y la producción es limitada en comparación con otros países europeos.
Detrás de la denominación de origen Nemea se esconde uno de los mejores vinos tintos del país, producido a partir de la variedad local Ayioryítiko en una superficie de 2.500 hectáreas y una altitud que oscila entre los 200 y los 850 metros de altitud.
Solo o mezclado con variedades de vides francesas introducidas en la región en las últimas décadas, el Ayioryítiko da vinos tintos suaves y ricos en aromas.
"El primer viticultor y vinicultor de nuestra familia fue mi bisabuelo", dice a EFE Thanasis Papaioannou, de 89 años, cuyo hijo Yorgos dirige la empresa familiar en quinta generación.
La degustación de vinos en su bodega es una experiencia única, pues se acompaña de historias sobre el vino, las vides y las viñas y Papaioannou es un narrador insaciable.
"El vino de buena calidad empieza a partir de una viña bien cultivada. Cada vid tiene su propia personalidad, hay que respetarla", explica Papaioannou.
Papaioannou, que produce solo vinos orgánicos, explica que "las viñas de Nemea son extremadamente rentables, gracias al clima local, que permite obtener vinos de calidad a precios relativamente moderados".
Además de estas delicias para el paladar, Corinto es famoso por su canal, construido entre 1882 y 1893, que permitía a los barcos acceder al puerto del Pireo evitando tener que rodear toda el Peloponeso y las tormentas temibles de cabo de Maleas, al sur de esta península.
Este estrecho, de escasos 25 metros de ancho, deja un recuerdo imborrable. El canal parece haber sido cortado milimétricamente en la roca, logrando una obertura perfecta por donde solo pueden navegar barcos de pequeño tamaño.
A los amantes de las rutas arqueológicas el distrito de Corintia ofrece además la posibilidad de visitar diversos sitios en un radio relativamente pequeño.
Corinto fue una de las ciudades más importantes de la antigüedad griega, hasta que fue destruida en el año 146 antes de Cristo por el ejército romano, para ser reconstruida por Julio Cesar un siglo después y conocer otro periodo de prosperidad, hasta la edad media.
Cerca de Corinto hay varios sitios arqueológicos que merecen una visita, entre ellos el castillo de Acrocorinto y los sitios arqueológicos de Istmia, Ireon y Nemea; en este último hay uno de los estadios antiguos mejor conservados.
A la otra orilla del golfo de Corinto está Lutraki, una pequeña ciudad que alberga el primer balneario que se construyó en Grecia, a mediados del siglo XIX, a los pies de la sierra de Gerania.
En la década de los sesenta del siglo XX las hidroterapias dejaron de estar de moda, lo que trajo consigo un deterioro de la estética de la ciudad; en el lugar de los viejos hoteles de balneario, se erigieron enormes torres de viviendas y apartamentos veraniegos. Todas estas secuelas siguen estando allí, pese a que en los últimos años ha revivido la cultura del spa.
En 2008 reabrió en Lutraki un centro municipal de hidroterapias, que sumado a las tres playas locales que cada año son galardonadas con banderas azules, dan una nueva perspectiva turística a esta zona, situada a tan solo una hora de Atenas.
"Nuestro objetivo es ofrecer varias opciones a los turistas con la combinación de termalismo, de nuestras playas y de posibilidades de senderismo", explica el alcalde de la ciudad, Yorgos Gkionis.
Además está la sierra de Gerania, incluida en la red de áreas de conservación de biodiversidad Natura 2000, con más de 950 especies vegetales y una rica fauna. Tres itinerarios montañosos de entre siete y dieciséis kilómetros esperan aquí a lo senderistas.

Yannis Chryssoverghis - EFE.

martes, 18 de noviembre de 2014

El "café griego", a punto de sucumbir ante la globalización del paladar

Una de las señas de identidad de Grecia está en vías de extinción. Tocado de muerte por la globalización del paladar, el café griego (ellinikós kafés) intenta resistirse a los cánones del gusto cafetero que dictan las grandes multinacionales.
Antes de nada hay que aclarar que el café griego como tal no existe. El café griego es, en realidad, café turco -los otomanos lo introdujeron en Grecia- y solo se diferencia de este en algunos detalles a la hora de prepararlo.
Plasmado en todos los reportajes o postales que pretenden mostrar la Grecia típica, el café es a Grecia lo que la paella a España.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte la imagen de postal empezó a desdibujarse y cada vez se hace más difícil encontrar, al menos en Atenas, cafeterías especializadas en este tradicional brebaje.
La italianización del gusto cafetero llevó a que también en Grecia hayan irrumpido centenares de cafeterías que ofrecen "café latte", "macchiato", "macchiato latte"... y una interminable lista de variaciones sobre este mismo tema.
El "ellinikó" parece haberse quedado para las generaciones mayores o aquellos que se resisten a consumir el café en vasos de cartón caminando por la calle.
El camarero que pasea su "diskos" -la bandeja redonda tradicional de latón o aluminio- empieza a ser un "rara avis" como también los "kafeníon", donde las generaciones (en su inmensa mayoría hombres) se reúnen para jugar al dominó o al tavli.
Su agonía empezó hace ya algunas décadas, cuando comenzaron a entrar en el país otras variedades; continuó en la década de los ochenta con la irrupción del famoso "frappé", un café frío batido hecho a base de Nescafé, pero la crisis real comenzó con la irrupción de las mil y una variantes italianas.
Yorgos Miseyannis, propietario de una empresa familiar de importación y venta de café que acaba de cumplir cien años de existencia, confiesa a EFE que solo expende ya a particulares y que no le queda ni un solo cliente profesional que compre café griego.
Eso no significa que no se siga tomando en casa, pero cada vez menos en las cafeterías, donde las grandes multinacionales se han hecho con el negocio, y a cambio de ofrecer toda la infraestructura cafetera -máquinas, tazas y demás- exigen exclusividad para sus productos.
En provincias la situación es otra y en algunas zonas incluso se recuperó la costumbre de tomar "ellinikós", sobre todo desde que estalló la crisis económica, pues la variedad utilizada para el café griego, el grano brasileño del tipo "Río", cuesta la tercera parte que el "Kenia" utilizado para el espresso.
Thanasis Mantziris, propietario de una tienda de tueste y venta de café en Volos, una ciudad universitaria de provincias en el centro-este de Grecia, cuenta a EFE que el porcentaje de jóvenes consumidores aumentó sensiblemente en los últimos años, al parecer no solo por una cuestión de ahorro, sino porque se está redescubriendo "la magia" de la preparación casera.
De importancia capital para la preparación de un buen "ellinikós" es el uso de un recipiente especial, el denominado "briki", una cocción a fuego muy lento y, sobre todo, la retirada del fuego en el momento preciso en que rompe a hervir.
En muchas cafeterías, explica Mantziris, se utiliza la máquina a presión para hacer este café, un pecado mortal, pues "el vapor destroza todo el carácter del café griego y su aroma".
"El ritual de preparación tiene su propia magia y el aroma que inunda toda la sala cuando se echa del briki a la taza es inconfundible e inolvidable", dice este cafetero, "casado" con su profesión desde hace cuarenta años.
No obstante, hay que reconocer que el café griego no es bebida para todos los gustos ni para todos los estómagos. Es fuerte y uno de los secretos es aprender a tomarlo sin llevarse todo el poso a la boca.
Pero, ¿qué tiene entonces de especial este café? Nos lo cuenta Yannis, cliente de Miseyannis, y empedernido defensor de esta moribunda seña de identidad griega.
"Nací con este café y desde mi niñez vivo con su aroma en casa. ¡Es algo tan familiar y asociado a los momentos agradables y distendidos que pasamos con la familia y con los amigos!", dice Yannis, que a sus 55 años representa el promedio de los consumidores del "ellinikós".

Ingrid Haack - EFE