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martes, 3 de mayo de 2016

Las divas se bañan en plata en una futurista gala del MET

Beyonce llega a la gala del MET.
 
por Lara Malvesí

Los diseños galácticos y plateados acapararon los flashes en la puesta de largo del mundo de la moda que es la gala anual del Museo Metropolitan de Nueva York (MET) y que en esta edición giraba en torno de las nuevas tecnologías y su influencia en el diseño.
Madonna, Lady Gaga, Taylor Swift, Beyoncé, Nicole Kidman y Kim Kardashian fueron algunos de los rostros populares en la considerada por muchos "fiesta del año" en Nueva York, un evento en el que lo más importante es la alfombra roja y que supervisa hasta el último detalle la editora de Vogue Estados Unidos Anna Wintour.
La gala, que tiene el objetivo de recaudar fondos para el instituto de moda del MET, y donde la entrada cuesta 30.000 dólares, se celebra cada primer lunes de mayo y sirve para inaugurar una gran exhibición en torno a cuya temática deben vestirse los invitados.
"Manus x Machina: Fashion in an Age of Technology" (La moda en la era de la tecnología) era el leiv motiv de esta edición, que no por casualidad patrocinaba la firma Apple.

Kate Hudson y Lady Gaga.


El color plata fue el preferido por la mayoría de estrellas, empezando por una de sus presentadoras, la cantante de pop folk estadounidense Taylor Swift, que para la ocasión mostró un aspecto menos angelical con un desenfadado peinado rubio platino y labios negros.
Plateadas también lucieron Rose Byrne, de Ralph Lauren; Poppy Delevigne de Marchesa; la modelo Anna Ewers, de Jason Wu; Lupita Nyong'o de Calvin Klein; Naomi Watts de Burberry y Cindy Crawford de Balmain.
Lady Gaga, en su línea siempre huyendo de la discreción, eligió un Versace sin pantalones y estética futurista.
También como salida de la película "Metropoli" de Fritz Lang fue Kim Kardashian.

Taylor Swift.




Rita Ora fue una de las más fotografiadas gracias a un diseño de Vera Wang con una voluminosa cola plateada de transparencia y plumas. Y es que una falda que se extienda varios metros no luce en ningún lugar como en la ya icónica escalera del MET, donde el Upper East Side se transforma en Central Park.
Que la gala se celebre en un lunes, día de descanso para las estrellas de los teatros de Broadway, permitió desfilar por la alfombra roja tanto a Michelle Williams, que tiene en cartel "Birdman" con Jeff Daniels, como a Jennifer Hudson, en el reparto de "The color purple".
La primera eligió un discreto look en negro, más informal, mientras que Hudson resaltó su tez y figura con un inmaculado vestido blanco con escote palabra de honor.
De negro fueron también Madonna, con un diseño de transparencias en negro firmado por Riccardo Tisci, y la voluptuosa Micki Minaj, de Jeremy Scott para Moschino.

 El diseñador Riccardo Tisci y Madonna posan en la alfombra roja de la Gala del MET.

Heidi Klum, gran amante de los disfraces como siempre muestra en sus redes sociales, fue más allá y con la ayuda del diseñador Zac Posen lució un espectacular vestido galáctico que brillaba en la oscuridad.
Mucho más discreta fue la protagonista de "Sexo en Nueva York", Sarah Jessica Parker, que en la última gala no recibió demasiadas ovaciones por lo recargado de su look y esta vez optó por pasar desapercibida con un traje de dos piezas blanco de Alexander Hamilton.
Lejos de tanto blanco, negro y plata estuvieron Beyoncé y Blake Lively, que optaron por los nudes y rosados de Givenchy y Burberrry.
Como es constante, también mostró su apreció por la elegancia atemporal la propia Wintour, que portó un Chanel en color crema.

 Kim Kardashian.

Aunque en las alfombras ellas siempre reducen a los hombres a meras comparsas, en la gala también estuvieron con elegante esmoquin Alexander Skarsgard, Collin Farrell y Robert Pattison, entre otros.
Si algún hombre arriesgó y se dejó inspirar por la temática futurista de la noche fue el ex perteneciente al grupo juvenil One Direction Zayn Malik, que usó dos armaduras de brazos futuristas cual "Terminator" de los que iba sujeta su también popular novia, la modelo Gigi Hadid.
Wintour lleva haciéndose cargo de esta puesta de largo del MET dedicada a la moda desde 1999 y según recordaba The New York Times en sus manos ha conseguido convertirse en una máquina de recaudación para el museo.

 Katy Perry.



En 2015 se consiguió recaudar hasta 12,5 millones de dólares.
Y eso que para acudir no basta con desembolsar el precio que cuesta la entrada, sino que los organizadores, con la propia Wintour en posesión de la última palabra, deben invitarte atendiendo a razones como tu popularidad y la rentabilidad de tu imagen.

 Zoe Saldaña.



En años anteriores los lemas fueron la moda "punk" así como el glamour de China.
"China: Through the Looking Glass", la gran exhibición que dio lema a la última gala, fue objeto del documental de apertura del reciente festival de cine de Tribeca, la cinta "The first monday of may".






EFE.

martes, 21 de julio de 2015

El hombre flexible de Hilfiger y el más relajado de Kors se ven en Nueva York

Llegó el turno de los que no engañan a nadie: los estadounidenses Tommy Hilfiger y Michael Kors presentaron sus colecciones en la Semana de la Moda para hombre de Nueva York sin ocultar su vocación comercial ni reñir con algunas propuestas de lo más audaces.
Ambos forman parte de esos emporios textiles que, desde la mirada europea, alejan la Fashion Week de Nueva York de sus hermanas en Milán o París, que no son ni aspiran a ser expresiones artísticas más allá de un público que pueda llevar cualquiera de sus prendas sin hacer un ejercicio de osadía.
No obstante, siguiendo la línea de esta primera edición dedicada solo al hombre en Nueva York, ambos moderaron sus esfuerzos de producción al presentar sus respectivas colecciones.
En concreto, Hilfiger, que acostumbra a propulsar algunos de los desfiles más espectaculares de la edición en femenino, optó por un "showroom" en el que, con el título de "Flex", demostró cómo su marca puede quedar indeleble incluso en una apuesta por la flexibilidad.
Las diferentes interpretaciones de su espíritu siempre juvenil pero no rebelde, moderno pero sin duda conservador, se desplegaron en un escaparate viviente en el que los modelos parecían conversar entre sí de manera amigable. La idea de comunidad (o camaradería "chic") siempre está cosida a sus prendas.
La flexibilidad se refiere, por una parte, a esos trajes de oficina que, en cambio, permiten jugar al tenis o esos zapatos que permiten ir a navegar con el atuendo, por lo demás, de lo más clásico: blanco y con rayas azules. Deportes que apuntan a lo que Hilfiger transmite: clase media coqueteando con la elite.
Esa misma flexibilidad también se ve en la paleta de colores, pues aunque siempre puros, no falta casi ninguno: el blanco, el negro, el amarillo, el rojo, el verde y el azul. No hace falta diluirlos, pueden brillar junto a las sonrisas perfectas de esos prometedores estudiantes que viste Hilfiger.
El diseñador también se abre a las razas de un Estados Unidos plural, que alcanza la igualdad por arriba, no por abajo, dando aceptación a todo aquél que alcance el éxito, independientemente de su procedencia.
Éxito en forma de campera (cazadora) de ante o de gabardina de algodón, de chubasquero o de jersey de lana de punto grueso. Quizá de traje en tela vaquera o a rayas tipo avispa.
Con el pantalón corto siempre zapatilla o mocasín. Con el largo todo tipo de calzado. Y bajo el traje todas las opciones: polo, camisa o incluso jersey. La corbata, además, será informal y será de punto.
Básicamente, Tommy Hilfiger está dispuesto a darle a cada uno lo que desee, en la forma y en el color que mejor le siente. Que pruebe y que decida.
Por su parte, el "rey Midas" de la moda estadounidense, Michael Kors, partía con el reto en esta Semana de la Moda para hombres de renunciar a una de sus prendas mejor vendidas: el bolso. No es que no pueda ser masculino, pero optó por omitirlo.
A cambio, se entregó al "foulard", casi omnipresente y bastión de una sofisticación con la que su hombre de 2016 entra en un conflicto perezoso: sus trajes parecen colindar con un despertar de niño rico, con un pijama elegantísimo pero pijama al fin. De la misma manera que las gabardinas tienen ecos de amorosas batas. ¿Esforzarse? ¿Para qué?
Los modelos de Kors se hunden en sus ropas, que no destacan la figura, sino que le dan un abrazo suave, aterciopelado. De la misma manera que los colores no gritan, sino que susurran con un blanco, un hueso, un beige o un azul pastel.
Y, al igual que Calvin Klein Collection, el calzado queda reducido a su máxima expresión, la sandalia, aunque con ella Kors no hace experimentos y la ofrece tal cual se inventó: de piel y sin calcetines.
Finalmente, completó la jornada Richard Chai, que montó un desfile clásico en forma y fondo, combinando el look fresco pero multicapa (camiseta, chaqueta y cazadora en superposición de cortes y solapas), un toque brillante en sus camisas y pantalones o unas prendas invernales más tendentes al monocromo.
La sensación generalizada es que, respecto a su homóloga femenina, esta Fashion Week no ha sido ni tan siquiera una prima lejana, al menos en términos de despliegue y repercusión mediática.
Está por ver si, en cuestión de cifras de ventas y eco en el mercado ha compensado la iniciativa. Un factor que es difícil ver a simple vista pero que es, en realidad, el factor determinante para dar continuidad a la propuesta.

Mateo Sancho Cardiel - EFE.

domingo, 9 de noviembre de 2014

La comida a domicilio en Nueva York se pone fina

Los paladares más selectos o los más melindrosos ya no sufrirán pidiendo comida a domicilio en Nueva York. Algunos de los mejores restaurantes (y los más sanos) amplían su oferta puerta a puerta sin bajar la calidad con ayuda de la mejor tecnología.
¿Quién dijo que la comida para llevar es mala, llega fría y es para salir del paso? Conscientes de que, a veces, el mayor lujo del neoyorquino es poder quedarse en casa, reputados restaurantes de Nueva York ofrecen servicio a domicilio mucho más allá de la clásica pizza o la caja de comida china.
El famoso pollo peruano de Pio Pio, el amplio menú italoamericano de Café Fiorello, la sofisticada oferta de Mission Chinese o las exquisiteces de Baltazhar se pueden comer en pijama si uno quiere.
También maridarlas con un vino comprado en la tienda de la esquina que no suba la cuenta hasta la estratosfera. O, simplemente, consumirlas sin exponerse a un nuevo frente polar pronosticado para este invierno.
Como en Nueva York no hay tendencia que no encuentre su correspondiente aplicación para teléfonos inteligentes, esta semana se anunció la creación de Maple, un dispositivo para compatibilizar los cinco tenedores con el llamado "delivery".
Desde Maple decidieron sistematizar con la ayuda de la nueva tecnología la entrega de comida de alta gama y han recibido el espaldarazo definitivo al unirse a ellos David Chang, de Momofuku, una de las cadenas de comida asiática mejor referenciadas de la Gran Manzana.
Con el reclamo de Chang, su asesoría para diseñar menús más aptos para "tolerar el transporte" y su colaboración económica, esta aplicación ha reunido 4 millones de dólares como inversión inicial para lanzar su plan maestro.
Prometen repartir en menos de 15 minutos y diseñar un sistema que guarde mejor la temperatura que la caja de cartón o de gomaespuma que hasta ahora caracterizan (y afean) el servicio a domicilio.
De momento, no han querido desvelar más, pues como buena compañía neoyorquina del momento, confían en la ambigüedad para convertirse en algo viral.
La iniciativa, dicen sus creadores, "ofrecerá una experiencia culinaria en casa al mismo nivel que aquella que los neoyorquinos pensaban que era exclusiva de los restaurantes" y en ella también colabora Blue Apron, empresa dedicada a "desestructurar" las recetas en forma de ingredientes precocinados y envasados al vacío listos para mezclar y emplatar.
Maple basa así su novedad en enfocar el control de calidad al proceso de entrega en sí mismo además de en la comida y estará operativo en 2015, pero ya ha comenzado su campaña de promoción asegurando que está llamado "a cambiar el 'status quo' de la comida a domicilio de Nueva York", dicen.
Culmina así un proceso que ha tenido varios y curiosos ejemplos, como Portable Chef, que centra sus esfuerzos en la calidad de la comida, con productos orgánicos y control de grasas. No solo los productos, sino la manera de cocinarlos, buscan un estado saludable para el cliente.
O, quizá el más curioso, el Urban Detox Club, que ofrece comida a domicilio durante 12 días para "depurar" el organismo o durante 30 para alcanzar resultados visibles también en la apariencia física.
Además de comida, redondea el negocio dando listas de la compra, recetas y de asesoramiento para, literalmente, mantener el tipo en una ciudad que favorece el desorden alimenticio. No solo porque la imagen es sumamente importante, sino porque el frenesí laboral y ocioso acaba eclipsando a la necesidad fisiológica.

Mateo Sancho Cardiel - EFE