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domingo, 6 de marzo de 2016

Espíritu libertario y bohemio en el desfile de Elie Saab

por María D. Valderrama

Elie Saab hizo una oda a la libertad y al estilo bohemio en su desfile en la Semana de la Moda de París, en una colección rica en tejidos y de prendas fáciles de llevar que lucieron algunas de las modelos más famosas del momento, como la alemana Tony Garn, la portuguesa Sara Sampaio o la estadounidense Kendall Jenner.
El desfile tuvo lugar en una instalación efímera situada en el Jardín de las Tullerías de París al que acudieron multitud de famosas como la modelo Arizona Muse, la diseñadora venezolana Yliana Yepez o las blogueras Chiara Ferragni y Gala González.
El diseñador libanés puso el peso de la colección en una mezcla de estampados, encajes y bordados, detalles propios del estilo de la firma, que esta vez tomaron formas de flores en tonos rojos y violetas.
Faldas y vestidos fueron las piezas más lucidas sobre la pasarela, en un estilo de inspiración años 70 combinado con botas mosqueteras en ante, con lazadas en la parte trasera y de tacón no muy elevado para el día a día.
Los zapatos tuvieron también un gran protagonismo, con bailarinas y sandalias atadas al tobillo cargadas de pompones y flecos, a juego con los propios vestidos y chaquetas.
El primer "look", que marcó el ritmo del "show" y la colección, capturó la atención de todos en una espectacular biker de piel cargada de abalorios y lentejuelas en 3D sobre un vestido de discretos lunares con cuello en V.
En la Semana de la Moda de París, donde se presentan las colecciones otoño-invierno 2016/2017, también se mostraron las propuestas de Mugler.
El diseñador georgiano David Koma, al frente de la firma, apostó por el cuero en prendas sobrias, elegantes y juveniles con faldas y bolsos cargados de flecos.
Mugler perdió en parte el dramatismo que el estilista Nicola Formichetti le había dado durante los dos años y medio que duró su unión con la firma, hasta que en abril de 2013 pasó a tomar el control de Diesel.
Parece que la unión con Lady Gaga y la apuesta por lo extravagante quedaron en el pasado y la firma explora ahora nuevos horizontes con Koma, que prefiere líneas femeninas más clásicas aunque en esta ocasión la colección tuvo un parecido a los estilismos del film de Ridley Scott de los 80 "Blade Runner".
Ciertos aires futuristas se vieron también en el desfile de Acne Studios con ajustadas piezas de cuero y PVC, que alternaron con maxigabardinas con solapas y cinturones también en piel.
Sobre medias grises con calados, las modelos lucieron sandalias de tacón blancas, una arriesgada apuesta para el invierno que ya se ha mostrado sin embargo en otros desfiles y que intenta de nuevo hacer su aparición en la moda tras varios intentos en los últimos años.
Sombras de gris, azul y rojo se impusieron en la gama de colores de esta colección que buscó en líneas generales la comodidad y la practicidad típicas de la firma sueca.
El diseñador indio Rahul Mishra convirtió la moda en amor y el amor en moda, en una colección luminosa confeccionada con las mejores técnicas artesanas y los textiles de su país.
"Cuando estaba trabajando en esta colección tenía a mi hija recién nacida conmigo todo el día y me sentí inspirado por ese amor incondicional de un niño", explicó tras el desfile Mishra, para quien "con todo lo que pasa ahora en el mundo, lo que ocurrió en París, quería que esta colección hablara de amor".
El modisto propuso minivestidos de corte recto cargados de bordados, chaquetas cortas con estampados y camisetas que toman la forma del sari, la prenda típica de la India, en tejidos ligeros para inviernos no muy fríos.
El diseñador empapó sus creaciones con ese detallismo que le caracteriza, en seda y lana de merino, que fueron los tejidos dominantes en esta colección que recupera el drapeado, según la centenaria tradición india.

EFE.
Una foto publicada por ELIE SAAB (@eliesaabworld) el

jueves, 28 de enero de 2016

Naturaleza y feminidad con Chanel y Stéphane Rolland

 (La argentina Mica Arganaraz luce una creación de la colección primavera/verano 2016 del diseñador alemán Karl Lagerfeld para Chanel. EFE)
por María D. Valderrama

El Grand Palais de París, reconvertido en una casa nórdica, acogió el desfile de Alta Costura de Chanel en un homenaje a la naturaleza con tejidos naturales y bordados en madera, mientras que Stéphane Rolland apostó por la feminidad y los vestidos fluidos.
Un espacio sereno al que acudir a desconectar del frenesí de la gran ciudad fue el decorado que eligió el diseñador de Chanel, Karl Lagerfeld, inspirándose en la arquitectura nórdica, con estructuras de diseño simple rodeado de árboles y pequeños lagos.
De una casa de madera situada en el centro del decorado salieron sus modelos con estilismos en colores luminosos, siempre en una gama de beiges: crudo, marfil, arena o moca.
La seña de identidad de Gabrielle Chanel, el tweed, siguió por supuesto presente en esta colección que se adaptó a los nuevos tiempos invirtiendo las formas con mangas ovaladas y estrechas faldas lápiz por debajo de la rodilla.
Los detalles se cuidaron al máximo incluyendo bordados con virutas de madera y broches en forma de insectos, en un trabajo de diseño con intención ecológica, como se vio también en las suelas de corcho de los zapatos, siempre en dos colores y con la puntera redondeada en negro, como las clásicas bailarinas de la "maison".
Pero como Chanel vive en el siglo XXI, seguramente pensando ya en el que viene, en la colección hubo lugar también para la tecnología.
Las modelos portaron un pequeño bolso alrededor de la cintura para guardar sus smartphones, que algunas incluso sacaron durante el desfile fingiendo mantener conversaciones telefónicas.
Chanel eligió un maquillaje nude centrando la atención en los ojos, que quedaron definidos por dos simples líneas negras de eyeliner.
Para el peinado, un trabajado moño con el pelo enrollado en la nuca, en un look de aire oriental que resulta al mismo tiempo elegante y moderno.
No faltaron al desfile algunas de las musas de Lagerfeld, iconos también de la firma como Cara Delevingne, Diane Kruger, así como las actrices Gwyneth Paltrow, Monica Belluci o Ana de Armas.
Y como recién salidas de la mejor de las óperas, las modelos de Stéphane Rolland vistieron 17 espectaculares diseños en una oda a la feminidad y la sensualidad, que acogió la exclusiva avenida de George V.
Vestidos con faldas plisadas y detalles esculturales en torno al torso y los hombros, y escotes que alcanzan la cintura dejando ver la espalda y el pecho por momentos.
Las asimetrías en el largo de las faldas crean efectos contrarios: colas que se arrastran por el suelo mientras que las piernas quedan al aire y el plisado del vestido toma forma en las caderas creando volumen en los laterales.
(Una modelo luce una creación de la coleccion del diseñador francés Stéphane Rolland. EFE)

La silueta de la mujer se mantiene sin embargo delicada y fluida con una dramática actuación por parte de las modelos para representar esa fragilidad que la propia "maison" compara con la de "una estrella del Palacio de Garnier", el edificio de la Ópera de París.
En los materiales, el diseñador francés apostó por el tul, la organza y el ante que toma forma en tres dimensiones sobre el pecho.
La paleta de colores no varía: predominó el blanco en casi toda la colección, con algún detalle en rojo o beige, así como el negro que protagonizó igualmente algunos diseños.

EFE.

martes, 26 de enero de 2016

Schiaparelli y Christian Dior atraen a las celebrities para la Alta Costura


(Una modelo luce una creación de la coleccion Primavera/Verano 2016 de la firma Dior. EFE)

por María D. Valderrama

Dos de los grandes clásicos de la costura francesa, Schiaparelli y Christian Dior, presentaron sus colecciones de Alta Costura para la próxima temporada primavera-verano, atrayendo a actrices y "celebrities" como Carla Bruni, Olivia Palermo o Naty Abascal.
Schiaparelli abrió la jornada de desfiles en una lujosa sala del Hôtel d'Evreux, en la Plaza de la Vendôme (París), famosa por sus tiendas de alta joyería.
En una sala decorada con platos de porcelana y enmoquetada en dibujos de aires surrealistas, un centenar de invitados disfrutaron de las propuestas de la firma, que desfila únicamente en Alta Costura.
Más que una colección de moda, el desfile fue una cena exquisita en homenaje a uno de los grandes placeres que gustaba disfrutar la creadora Elsa Schiaparelli: la gastronomía.
"Comer no es simplemente un placer material. Comer bien aporta un sentido a la vida y contribuye inmensamente a la buena voluntad y a la felicidad. Es muy importante para la moral", decía la creadora italiana en 1954.
Esta frase inspiró al diseñador de Bertrand Guyon, nombrado director de estilismo de la firma el pasado mes de abril de 2015, para jugar con los productos de la mesa en telas y accesorios: vestidos largos de cola impregnados con langostas, legumbres y frutas.
Al caminar, las modelos hacían sonar las faldas de sus vestidos, realizadas en lino, semejando una brisa de cáñamo.
Schiaparelli apostó por tejidos naturales que parecían ser una parte más del cuerpo femenino, dejando ver mediante transparencias o finas cuerdas el torso y remarcando el contorno de las piernas.

(Una modelo presenta una creación de la colección Primavera/Verano 2016 del diseñador galo Bertrand Guyon para Schiaparelli. EFE).

La firma reflejó su "savoir faire" en bordados pintados en oro y crochet en hilos de seda.
Los accesorios fueron llamativos, por su originalidad, pero discretos en tamaño, especialmente broches en forma de corazones atravesados por gambas o candados alados montados sobre cáscaras de huevo; los zapatos, T-Bar, se llenaron de guisantes.
La actriz Kate Bosworth, la ex modelo Carla Bruni, la "it girl" Olivia Palermo o el diseñador Christian Louboutin fueron algunos de los invitados que acudieron a este desfile, uno de los más esperados durante las jornadas de Alta Costura.
Como no podía ser de otra manera, el desfile que Christian Dior preparó para la presentación de la colección primavera-verano 2016 de Alta Costura, fue un espectáculo por todo lo alto.
Una sala de espejos instalada expresamente por la "maison" en los jardines del museo del escultor francés fue la escena escogida para este desfile que se celebró en un contexto especial pues, por el momento, la firma no cuenta un diseñador.
Fue el equipo de diseño de la marca el encargado de llevar a cabo la colección después de que el belga Raf Simons dejara la casa el pasado octubre al no llegar a un acuerdo para la renovación del contrato.
El equipo demostró sin embargo ser el auténtico corazón de Christian Dior, quien mejor conoce su obra y legado, al presentar una colección que mezcla naturalidad y elegancia a partes iguales.
Dior dedicó su desfile a las parisinas, famosas por su estilo espontáneo y relajado, con un tremendo sentido de lo que significa la costura pero con gran habilidad para lucirlo de forma moderna.
Sobre la pasarela, jerséis de lana combinados con faldas brocadas en lana y crêpé de seda.
Los abrigos vestirán los días fríos de verano, en color azul noche en sencillos diseños que recuperan el famoso "new look" del creador, o cargados de incrustaciones en color mostaza.
Los vestidos se llevarán muy escotados, ya sea con la espalda descubierta, con los hombros al aire en pronunciados escotes de barco o bien mediante transparencias.
El traje femenino se modernizó en esta colección mediante detalles brillantes cosidos en el pecho y un pequeño volante "péplum" en los laterales de la chaqueta.
Las formas se mantuvieron en las marcadas cinturas y delicados volúmenes que caracterizan la firma, añadiendo esta vez camisetas de malla por debajo de algunos diseños, un toque urbano para modernizar prendas clásicas.
El equipo de Dior, que siempre guarda un guiño a las aficiones de su creador, añadió esta vez amuletos de la suerte ya sea en accesorios o bordados sobre las propias prendas como recuerdo del carácter supersticioso del diseñador.
Entre las invitadas de la marca, la ex modelo Naty Abascal que vistió un abrigo en tweed de lana verde y ocre de la colección otoño-invierno 2015-2016 de Dior por Raf Simons.

EFE.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Aprender a cocinar en los fogones de un palacio a las afueras de París

A mediados del siglo XIX, la pudiente familia Rothschild ordenó construir a las afueras de París el "château" de Ferrières, un palacio que tras 150 años de anécdotas que salpican a Bismarck, los nazis o Dalí, renace ahora como escuela de gastronomía, hostelería y lujo "a la francesa".
"Desde mi despacho se ve el palacio. Mi gran sueño era recuperarlo. Pueden imaginarse hasta qué punto es triste ver morirse vacío un lugar que ha visto nacer a una familia tan grande, que ha albergado a tantas personalidades", explica a EFE Jalil Jater, presidente del grupo hostelero de alta gama Accelis, un franco-libanés, que llegó a Francia huyendo de la guerra del Líbano.
El empresario con sede en Marne-la-Vallée, a escasos 10 kilómetros de Disneyland París, es el fundador de una escuela-palacio que empieza su primer curso de vida con una promoción de 35 alumnos y que espera alcanzar las 1.500 matrículas en los próximos años.
Esa imponente edificación neorrenacentista rodeada de jardines y un estanque está incrustada en un bosque de 3.000 hectáreas y quiere competir con prestigiosos centros de formación como la escuela gastronómica Ferrandi de París o el Instituto Paul Bocuse de Gestión Hotelera de Lyon.
Según Jater, la idea surgió cuando hace ya 20 años descubrió que tenía "problemas para contratar a jóvenes diplomados en hostelería en Francia", y se reforzó al constatar que muchos jóvenes galos decidían formarse en la vecina Suiza: el 26% de los estudiantes del reputado colegio de hostelería de Lausanne son franceses.
"Nos dimos cuenta de que cada escuela tiene una especialidad, pero rara vez se asociaba hostelería y gastronomía", agrega el fundador y presidente del centro mientras pasea por las instalaciones.
El centro cuenta con 1.500 m2 de cocinas, 12 salas lectivas en entre 12 y 48 plazas, 400 m2 de bodegas, 2.000 m2 de espacios dedicados a la organización de eventos, una escuela enológica, un huerto de una hectárea y otra hectárea de viñedos. En 2016 comenzarán a construir un campus con capacidad para 1.600 alumnos.
"Salen con la expectativa de ganar 2.500 euros netos al mes", precisan desde la dirección de la Escuela Ferrières, que se dotó de un presupuesto global de 25 millones de euros para inversiones y cuenta con el experto gastronómico y ex presidente de la Universidad de la Sorbona Jean-Robert Pitte como estandarte de honor.
Más allá del programa académico, gran parte del atractivo de la escuela reside en que se encuentre en un "château" cargado de historia.
Encargado por Jean de Rotschild al arquitecto británico Joseph Badson, el palacio vio la luz en 1855 con todas las novedades tecnológicas de la época, como calefacción central o agua caliente en todas las bañeras.
Se convirtió en salón de festejos de la alta sociedad y también en escenario de acuerdos políticos, como la reunión en 1870 que el canciller Otto von Bismarck mantuvo con un ministro de Napoleón III con vistas a la conversión prusiana de Alsacia y Lorena.
En 1940, el palacio fue ocupado por los nazis y la familia Rotschild, que recuperó la propiedad en 1957, decidió condenar la parte del edificio habitado por los alemanes, que se ha vuelto a abrir para el proyecto educativo.
Se recuerda también la fiesta surrealista con Dalí entre los invitados que allí se ofreció en 1971 para celebrar el 100 aniversario del nacimiento del escritor Marcel Proust, antes de que sus propietarios donaran el "château" a la alcaldía.
Esta, a su vez, cedió su gestión a la Escuela de Ferrières, asociada con cadenas de hoteles como Radisson, Four Seasons, The Peninsula o Relais & Chateau y marcas de lujo como Cartier o Artcurial.
"Muchos de nuestros grandes chefs empezaron a trabajar con 15 años y tardaron 30 en llegar a lo alto. La siguiente generación será diferente", augura el fundador de la Escuela Ferrières.

Javier Albisu - EFE.

domingo, 20 de septiembre de 2015

El "social dining" o comer en casas ajenas, la nueva moda nacida en Francia

¿Alguna vez ha sentido curiosidad por probar lo que está cocinando su vecino, tras percibir el aroma desde el portal? Algo parecido a eso es lo que ofrecen páginas en internet que ponen en contacto a personas que dan de comer en sus casas con todo aquel que se interese.
El fenómeno conocido como "social dining", muy popular en Francia, va más allá, dicen, de cocinar un menú a los huéspedes: se trata de un intercambio cultural, socializar y charlar amigablemente conociendo de primera mano a los lugareños de las ciudades en las que se encuentran, que supone la parte más ligada al turismo.
Se trata también de una alternativa a la crisis, la llamada "economía colaborativa" tiene cada vez más éxito en muchos sectores: los transportes con Blablacar o la polémica Uber, los guías turísticos, con ideas como "Freetours" o el sector hotelero con la popular Airbnb.
Las plataformas ligadas a la gastronomía como voulezvousdiner.com o VizEat, líder en el sector, son en su mayoría de origen francés y es en este país donde más éxito tienen, pero poco a poco se van abriendo paso en otros países.
VizEat, que comenzó su andadura en 2014, opera actualmente en 60 países, tiene 40.000 inscriptos y 3.000 "anfitriones" en todo el mundo, según contó a la agencia EFE su responsable para el mundo hispano, Jocelyne Massicot.
El funcionamiento es sencillo, cualquier usuario puede hacerse una ficha gratuita con sus datos en la página y acceder a los ofertantes de menús caseros. En cuanto a recomendaciones, funciona de manera similar a páginas del estilo de "ebay" en el que los consumidores escriben comentarios sobre sus experiencias.
VizEat también integra un equipo responsable de velar por la seguridad de los usuarios que se inscriben examinando sus fichas, además de un seguro que da cobertura a cualquier incidencia que se produzca entre los participantes.
Los precios de las comidas son fijados por el ofertante, aunque se puede llegar a acuerdos con el huésped, incluso, sobre el menú.
El beneficio para la página viene dado por las comisiones de un 15%, en este caso, que se cobran a los usuarios, al estilo de las citadas Blablacar o Airbnb.
La creación de este proyecto -que actualmente está traducido al inglés, francés, italiano y español- fue idea de dos franceses que tras sus viajes por Perú y por China descubrieron la experiencia de compartir, "fue como una inspiración para ellos", detalló Massicot.
Otra plataforma de corte similar es Voulezvousdiner, creada en 2010, que funciona actualmente en treinta países.
Una de sus participantes, que ofrece su menú a los usuarios interesados, es Emilie Sabathe, una parisina que abre su casa de Montmartre y por un precio medio de 25 euros proporciona dos platos, bebida y postre a los huéspedes: "Una cantidad más que acsesible teniendo en cuenta el coste de los menús de los restaurantes de París", según ella misma resalta.
Sabathe explica a EFE que a veces acuerda con sus "invitados" los ingredientes o platos que cocina, aunque dice que su especialidad es la gastronomía tradicional francesa.
Esta apasionada de la cocina, como ella se define, recibe a unos cuatro o cinco huéspedes una vez al mes y recalca que la gente como ella que decide abrir su casa "no proporciona solo la comida, sino que ofrece compartir una velada agradable intercambiando intereses culturales y conversación".
Este nuevo modelo de "economía participativa" abre un debate sobre la necesidad de regular esta práctica económica para algunos de dudosa legalidad.
El principal sindicato de hosteleros de Francia, la Union de Métiers et des Industries de l 'Hotellerie (UMIH), se queja de la falta de regulación fiscal y de la ausencia de garantías en cuestiones como la higiene.
"Hemos enviado ya hace dos años una queja al Gobierno de Francia y aun no tenemos respuesta sobre este asunto" declaró su presidente François Galabert.
En respuesta a esas críticas muchos representantes y usuarios de las plataformas de "social dining" insisten en que el concepto ofrece mucho más que ir a comer, que no se sienten como competencia directa de los restaurantes y que se trata de una manera libre y alternativa de disfrutar de la gastronomía que no va contra la ley.
Los países donde el concepto tiene más éxito son Francia, Estados Unidos, Italia y España, donde se van abriendo paso sobre todo en las principales ciudades.

Lucía Menéndez - EFE.

sábado, 27 de junio de 2015

Dior Homme se viste de flores y camuflaje

Lejos de ser un ornamento propio de mujer, Dior Homme reclamó la flor para el varón en su colección primavera-verano 2016, que presentó en una Semana de la Moda Masculina de París que acogió el primer desfile de Balmain.
En el Tennis Club de la ciudad del Sena, la firma instaló un jardín a la francesa con 2.000 rosas "iceberg", por el que desfilaron unos modelos que defendieron las cazadoras "bomber" con estas flores bordadas.
Después de que la pasada temporada el director artístico de la casa, Kris Van Assche, llenara la sala de instrumentos de cuerda para vestir de gala al hombre, en esta ocasión su clientela contará con conjuntos para viajar o para disfrutar sin estrés del fin de semana.
"Quería mantener la misma elegancia y trabajar esta vez con siluetas más desenfadadas", explicó a EFE el diseñador belga, que lleva desde 2007 al frente de la línea masculina de esta casa histórica.
Para ello, introdujo "muchos más elementos deportivos", ya sea desde el calzado hasta los abrigos que aludían al universo náutico, como al estampado de camuflaje, que escondió en el forro o con el que recubrió los pantalones y las camisas.
Con el fin de establecer una conexión con su última colección, la pasarela abrió con un traje de tres piezas, que fue dejando paso a camisas de manga por el codo, y a americanas y pantalones con pequeñas cremalleras plateadas en posiciones inesperadas.
La corbata estuvo casi omnipresente y los tradicionales rombos desempeñaron un papel nuevo al descender por los costados de unas perneras que se ajustaron al tobillo como un chándal.
Hace un mes que Van Assche decidió tomarse un respiro de su propia marca porque le resultaba difícil, siendo independiente, mantenerse en un mercado tan competitivo, según explicó a la revista especializada "Women's Wear Daily".
"Ahora me concentro en Dior", aseguró tras el desfile un diseñador que se mostró contento con la acogida de esta colección que vio el verano en blanco, azul marino, caqui y, sobre todo, en naranja.

Estreno

El calendario oficial de la Cámara Sindical de la Moda Masculina recibió por primera vez los diseños para el hombre de la firma Balmain, habitual del calendario de mujer pero ausente hasta hora de esta división en pleno auge.
Para su estreno sobre la pasarela masculina, el director artístico de la casa, Olivier Rousteing, apostó por sus habituales trenzados y por los drapeados que envolvieron siluetas de jinete explorador.
Los tonos tierra empujaron unos diseños de pantalones de tiro bajo que se integraron con un calzado a medio camino entre la sandalia romana alta y la bota, al dejar el empeine únicamente recubierto por cordones.
La experimentación con las cazadoras y las chaquetas ofreció posibilidades nuevas, al jugar con los bolsillos, el estampado, la asimetría o los filamentos que dibujaron estructuras retrofuturistas.
La bandera del Reino Unido fue uno de los escasos motivos reconocibles en este recital que cubrió las cabezas con gorras similares a las de la equitación y que ofreció también algunas prendas de mujer, como hiciera Givenchy.

Colecciones

La jornada abrió con el desfile de Kenzo, firma que también se unió a la tendencia de introducir la chaqueta o la camisa por debajo del pantalón, y que sustituyó sus representativos estampados con volúmenes puntiagudos en la superficie de sus prendas.
Más tarde, en el patio de columnas del artista Daniel Buren, ubicado dentro del Palais Royal, la firma Études Studio caminó por el verano con prendas-lienzo, que despertaron la figura del pintor, del paseante e incluso del "skater".
Este colectivo creativo, con sede en París y en Nueva York, fiel al objetivo de "tender puentes entre el arte y la moda", recubrió el lino blanco con piezas de color, en una colección estival fresca y holgada.
La Semana de la Moda de París también invitó a presentar sus propuestas a Hermès y Cifonelli.

Mercedes Alvarez San Román - EFE.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Nomicos lleva la extravagancia a la cocina de la LVMH

El chef francés Jean-Louis Nomicos, discípulo de la ilustre figura de la gastronomía gala Alain Ducasse, apostó por la extravagancia en los fogones de la Fundación Louis Vuitton, donde desde esta semana su restaurante "Le Frank" sirve cenas temáticas acordes con la majestuosidad del edificio.
Emplazado en ese nuevo espacio parisino de creación contemporánea ideado por el arquitecto canadiense Frank Gehry y abierto al público a finales de octubre, el chef, avalado con una estrella Michelin por su restaurante parisiense "Les Tablettes", refleja en sus creaciones el diálogo existente entre arte, cultura, arquitectura y gastronomía.
"Existen códigos compartidos", indica Nomicos en entrevista con EFE, en la que asegura que le gusta jugar con la luz y trabajar con el color.
La primera de sus "cenas extravagantes", inspiradas en la programación de la Fundación, en un producto, un vino, una personalidad o un chef, comenzó volcada en el marisco y otros productos del mar, e irá seguida a partir de enero de dos veladas por semana.
Nomicos defiende que se puede hacer gastronomía de alta gama a precios accesibles, con productos "simples pero de excelente calidad", apoyados en una buena técnica y presentación.
Él, que a los 18 años entró en el equipo de Ducasse y que a los 27 se estrenó como chef en "La Grande Cascade", antes de pasar por "Lasserre", dos estrellas Michelin, y de crear su primer restaurante propio en 2010, aprendió de su mentor a "ir al corazón del producto" sin desnaturalizarlo, "pero con una gran técnica detrás".
No hace falta ser pretencioso para ser bueno, indica un cocinero que heredó de su familia la pasión por cocinar, y que alerta del arma de doble filo en que puede convertirse el reconocimiento internacional.
"La estrella (Michelin) puede ser peligrosa", afirma. "No hay que trabajar para las estrellas, sino para los clientes, porque son ellos los que van a tu restaurante, los que juzgan. Tener luego el reconocimiento de las guías es perfecto, pero no hay que olvidar que se cocina primero para los clientes".
En "Les Tablettes", Nomicos apuesta por una cocina "clásica revisitada", mientras que en "Le Frank" se dice más abierto a introducir productos e influencias de otros países y a llevar a cabo intercambios con chefs extranjeros.
"Es interesante ver que la cocina evoluciona", concluye el cocinero, para quien en la gastronomía actual "hay revoluciones y tendencias, pero también mucho 'marketing'", razón que atribuye a la atención que periódicamente se ha prestado a las cocinas "primero de Francia, luego de España, de los países nórdicos y ahora de Perú".

Marta Garde - EFE.